Miré el semáforo en rojo mientras me dirigía una vez más a esa tienda de bisutería al lado de Isabel la católica, escuché su sonido, ese sonido que tiene tu voz cuando ríe, el sonido de tu corazón emocionado, busqué y noté frente a ese Sanborns donde un día no quisiste entrar y las personas entraban y salían sin notar nada extraño, miré al lado de la entrada y allí estaban, las tenía un desposeído, me acerqué decidido, como si solo ésa fuera la encomienda del día, le saludé con suavidad y le miré sonriente, se ruborizó al sentirse descubierto y vulnerable. – Me puede acompañar? Le sugerí con suavidad y avanzó hacia dentro del establecimiento, avanzamos hacia donde el quería tomó una botella de agua y la destapó, tomó el líquido y me miró sonriente, la cajera le miró con desdén y le pidió que pague aquello, me dirigí hacia ella y le extendí mi tarjeta dorada, le indiqué – Lo que el pida o utilice yo lo cubriré. – Por un momento pensé que era mala idea si acaso se le ocurría echar mano...
La vida en este plano...