Se detuvo un instante en su andar y sin voltear me cuestionó.
– Cuanto tiempo tenemos? - Ninguno, le indiqué - Yo debería estar camino a
Cuernavaca y tu volando a Saltillo.
Una vez que salió de asearse y vestirse, salió al pasillo y
se quedó de pie con los brazos abiertos para que le observara, saqué de mi
mochila una fragancia y se la lancé, la tomó en sus manos y se esparció un poco.
– Genial, justo la imagen que tengo de ti, ahora hagamos el intercambio. Estimo
que ya nos quedó clara la lección, me acerqué sonriendo, estirando la mano en
señal de querer recibir algo, me sonrió y sus ojos se inundaron de alegría,
arremangó su camisa hasta el codo y extendió su brazo para poner su palma sobre
la mía sin tocarla.
Siento mucho haberme apropiado de esto
Te pido perdón y me hago responsable de los daños
Tu deuda conmigo era solo económica y ahora está pagada
Te libero de todo vínculo conmigo, no me debes nada, no te
debo nada
Te agradezco desde el alma.
- Yo esperaba un ritual inusual o al menos alguna palabra mágica pero no sucedió de ese modo, sin embargo sus palabras se acompañaron de una sensación de calor y hormigueo en la palma de mi mano mientras recibía algo tan preciado.
- Yo esperaba un ritual inusual o al menos alguna palabra mágica pero no sucedió de ese modo, sin embargo sus palabras se acompañaron de una sensación de calor y hormigueo en la palma de mi mano mientras recibía algo tan preciado.
Dicho esto a su rostro lo abandonó la euforia y alegría extrema
que reflejaba, y comenzó a reflejar paz, me miró y me extendió los brazos, al
abrazarle me invadió una alegría extrema, felicidad que me hacía sonreír y derramar ése tipo de lágrimas, parecía imposible pero estaba sucediendo justo
en ese instante. – No pasa nada; me dijo, su voz había cambiado y de ser tan
grave ahora parecía casi dulce. – Sí ya lo sé, de ahora en adelante no tengo
ninguna excusa padre, y eso me daba algo de temor.
Salimos juntos de su departamento y mientras el cerraba el
portón tomé mi teléfono para tomarnos una última fotografía de ambos juntos,
habría evidencia ahora de que mi historia no la había imaginado ni era mi
invención.
Me alejé caminando, volteando seguidas veces, la alegría que
llevaba conmigo era intensa, tus ganas de vivir estaban ahora en mi cuerpo y
era urgente llevarlas hasta ti, no era fácil portar algo ajeno y menos aún de
esa magnitud, me asfixiaba y no me dejaba pensar con claridad, se sentía euforia,
las manos hormigueaban y daban ganas de correr, de abrazar, de gritar, se
sentía una felicidad extrema, la adrenalina que se producía era excesiva. Dejé
de caminar y comencé a correr esperando que el cansancio agotara la adrenalina,
sentía con claridad las miradas extrañadas, el corazón estaba latiendo muy
fuerte y muy rápido, por un momento recordé la sensación del ataque de pánico,
tenía claro cada movimiento de mi cuerpo al correr. Agotado tras correr unos 6 kilómetros me
acerqué hasta el metro, la lucidez era extrema, podía sentir cada pensamiento y
las gafas me estorbaron, los guardé en mi bolsillo y continué moviéndome ahora
con bastante ansiedad. Recordé las palabras del Rubén. “Centra tu atención en el
corazón y observa tus pensamientos desde allí”, - "listo", me dije en voz alta. comencé a hacerlo aun con el
cansancio y suspiré hondo, saqué los audífonos de mi bolsillo y los puse de
inmediato al celular, la lista de reproducción ya era mi favorita y caí en
cuenta que me había preparado intensivamente justo para éste momento, entré a
la estación Hidalgo del metro, abordé en dirección a Taxqueña y ya en el vagón me
senté en el piso, 10 minutos de meditación me hicieron equilibrarme lo
suficiente y comprender el por qué el padre no había podido siquiera regresar a
su propio departamento en tanto tiempo.

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