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Sangre 5

Comenzó la subida con el nombre de su amor en la mente miraba hacia arriba de la montaña como si se tratara de una pared que le dividía entre él y su destino, sentía la obligación de subir, subir disfrutando cada paso, subir dejando que los pensamientos y los deseos choquen contra el cansancio y la hiper ventilación haga tanto hueco en su cabeza que les sea fácil a los pensamientos volver a salirse.

Tomó apenas dos tragos del jugo que llevaba en la mochila, sabía que eso era para cuando ya estuviera de regreso acomodado en algún asiento del camión, pese a sentir las miradas de los pobladores no volteó atrás, caminó pensando que debía recuperar la confianza en la familia humana, que debía hacer de nuevo los pactos con cada uno hasta lograr meterse en su piel y así entenderlos para no tener que guardar ningún tipo de deseo mal encausado o rencor, caminaba cuesta arriba y procuraba llevar ideas de voluntad y castidad hasta su alma, sembrarlos allí para que un día produjeran fruto, pero pronto aparecieron toda clase de ideas, sueños de grandeza, poder, entusiasmo, y cada una llevaba de nuevo al enemigo a vencer, la lujuria, pero no luchó en su pensamiento dejó fluir cada uno de sus pensamientos y sentimientos, solo presionaba con fuerza su pie para agarrar más impulso hacia arriba, hasta que por si mismos los deseos y pensamientos encontraban su derrota, miró que funcionaban bien los consejos del Padre Ignacio, y del padre de la ermita del silencio “Olvida la mente, la mente busca el conflicto”, “todo lo que resistimos es el enemigo, deja de resistir y convierte al enemigo en tu amigo”.

Después de cuatro horas seguidas de caminata; montaña arriba, Alfredo se encontraba cerca del límite de sus fuerzas, miraba la cima de las montañas y el sol reflejándose en cada una de las cosas, el paisaje se volvió de múltiples tonos naranjas y rojos, el sudor aprisionado dentro de su chamarra de plástico contrastaba con el viento frío que le golpeaba el rostro, observó unas piedras próximas a él y se apresuró hasta allí, sacó del bolsillo un móvil con cámara, quería guardar ese justo momento en que su alma se sentía vulnerable, justo cuando sus fuerzas le obligaron a hacer una pausa en el camino, justo cuando el atardecer se volvía hermoso y nostálgico, a punto de romper en llanto y carcajadas al mismo tiempo, respiró tranquilo el viento frío, calmando su agitado cuerpo.

Los pensamientos se agolpaban en su mente y se escapaban de nuevo, se había vencido de nuevo a sí mismo, haciendo caso omiso a sus deseos, al cansancio, a la pereza, haciendo a un lado todo, no llegar a la cima no era lo importante, sino disfrutar el camino, la vista, la libertad, la soledad, saborear un instante, saberse amado por su Dios, saberse correspondido por su novia que en la lejanía esperaba impaciente por mejores tiempos, lloró tranquilamente como limpiando calmada mente su alma y renovando su fuerza espiritual, se sabía indigno de ver el rostro de su maestro Jesús, sabía que solo podía percibir de pronto su sombra pasar, acabando de llorar, tomó su mochila, sacó un pedazo de pan y lo comió bendiciendo al cielo por permitirle cada momento de su vida, agradeciendo por todas las cosas de las que él y sus seres amados podían disfrutar, tenía mucho miedo y quiso comprender justo en ese momento el miedo de muerte que sentiría Jesús en el huerto antes la prueba final, pero se sabía muy poca cosa en este mundo para compararse con Él, sabía ahora de su insignificancia y la aceptaba con amor, miró a lo lejos un pastor con chivos yendo apresurados cuesta abajo y sabía que debía apresurar el paso de regreso, se sentía niño de nuevo liviano y contento, pensaba en como contaría de sus pensamientos y planes, pero justo en eso estaba cuando un resbalón lo hizo bajar un largo trecho, - menos mal que tengo estos guantecitos, dijo para sí, sacudiéndose la tierra, bueno eso me enseña que ante mis planes, siempre está un mejor plan, el plan de Dios y que si no me dedico a conocerlo me va a tomar por sorpresa y que putazos me voy a dar. Siguió la vereda que los chivos le iban indicando hasta llegar de nuevo al camino, volteó atrás para ver una vez más la cima, prometiéndose regresar de nuevo para terminar su desafío, las montañas se perdían en la penumbra de la noche había bajado justo a tiempo.

Llegó a su departamento y revisó sus cuentas de correo, se alarmó de inmediato al descubrir 3 correos con archivos adjuntos comprimidos y cifrados, el remitente era Edgar y el título del correo era Sangre…

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