Comenzó la subida con el nombre de su amor
en la mente miraba hacia arriba de la montaña como si se tratara de una pared
que le dividía entre él y su destino, sentía la obligación de subir, subir
disfrutando cada paso, subir dejando que los pensamientos y los deseos choquen
contra el cansancio y la hiper ventilación haga tanto hueco en su cabeza que les
sea fácil a los pensamientos volver a salirse.
Tomó apenas dos tragos del jugo que
llevaba en la mochila, sabía que eso era para cuando ya estuviera de regreso
acomodado en algún asiento del camión, pese a sentir las miradas de los
pobladores no volteó atrás, caminó pensando que debía recuperar la confianza en
la familia humana, que debía hacer de nuevo los pactos con cada uno hasta
lograr meterse en su piel y así entenderlos para no tener que guardar ningún
tipo de deseo mal encausado o rencor, caminaba cuesta arriba y procuraba llevar
ideas de voluntad y castidad hasta su alma, sembrarlos allí para que un día
produjeran fruto, pero pronto aparecieron toda clase de ideas, sueños de
grandeza, poder, entusiasmo, y cada una llevaba de nuevo al enemigo a vencer,
la lujuria, pero no luchó en su pensamiento dejó fluir cada uno de sus
pensamientos y sentimientos, solo presionaba con fuerza su pie para agarrar más
impulso hacia arriba, hasta que por si mismos los deseos y pensamientos
encontraban su derrota, miró que funcionaban bien los consejos del Padre
Ignacio, y del padre de la ermita del silencio “Olvida la mente, la mente busca
el conflicto”, “todo lo que resistimos es el enemigo, deja de resistir y
convierte al enemigo en tu amigo”.
Después de cuatro horas seguidas de
caminata; montaña arriba, Alfredo se encontraba cerca del límite de sus
fuerzas, miraba la cima de las montañas y el sol reflejándose en cada una de
las cosas, el paisaje se volvió de múltiples tonos naranjas y rojos, el sudor
aprisionado dentro de su chamarra de plástico contrastaba con el viento frío que le golpeaba el rostro, observó unas piedras próximas a él y se apresuró
hasta allí, sacó del bolsillo un móvil con cámara, quería guardar ese justo
momento en que su alma se sentía vulnerable, justo cuando sus fuerzas le
obligaron a hacer una pausa en el camino, justo cuando el atardecer se volvía
hermoso y nostálgico, a punto de romper en llanto y carcajadas al mismo tiempo,
respiró tranquilo el viento frío, calmando su agitado cuerpo.
Los pensamientos se agolpaban en su mente
y se escapaban de nuevo, se había vencido de nuevo a sí mismo, haciendo caso
omiso a sus deseos, al cansancio, a la pereza, haciendo a un lado todo, no
llegar a la cima no era lo importante, sino disfrutar el camino, la vista, la
libertad, la soledad, saborear un instante, saberse amado por su Dios, saberse correspondido
por su novia que en la lejanía esperaba impaciente por mejores tiempos, lloró
tranquilamente como limpiando calmada mente su alma y renovando su fuerza
espiritual, se sabía indigno de ver el rostro de su maestro Jesús, sabía que
solo podía percibir de pronto su sombra pasar, acabando de llorar, tomó su mochila,
sacó un pedazo de pan y lo comió bendiciendo al cielo por permitirle cada
momento de su vida, agradeciendo por todas las cosas de las que él y sus seres
amados podían disfrutar, tenía mucho miedo y quiso comprender justo en ese
momento el miedo de muerte que sentiría Jesús en el huerto antes la prueba
final, pero se sabía muy poca cosa en este mundo para compararse con Él, sabía
ahora de su insignificancia y la aceptaba con amor, miró a lo lejos un pastor
con chivos yendo apresurados cuesta abajo y sabía que debía apresurar el paso
de regreso, se sentía niño de nuevo liviano y contento, pensaba en como
contaría de sus pensamientos y planes, pero justo en eso estaba cuando un
resbalón lo hizo bajar un largo trecho, - menos mal que tengo estos
guantecitos, dijo para sí, sacudiéndose la tierra, bueno eso me enseña que ante
mis planes, siempre está un mejor plan, el plan de Dios y que si no me dedico a
conocerlo me va a tomar por sorpresa y que putazos me voy a dar. Siguió la
vereda que los chivos le iban indicando hasta llegar de nuevo al camino, volteó
atrás para ver una vez más la cima, prometiéndose regresar de nuevo para
terminar su desafío, las montañas se perdían en la penumbra de la noche había
bajado justo a tiempo.
Llegó a su departamento y revisó sus
cuentas de correo, se alarmó de inmediato al descubrir 3 correos con archivos
adjuntos comprimidos y cifrados, el remitente era Edgar y el título del correo
era Sangre…
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