Cada que observaba en la claridad del agua, un salmón nadando río arriba buscaba a tientas una piedra pequeña y la acomodaba en un montoncito con
las demás, recostada sobre un suéter delgado encima del pasto procuraba no
perder la concentración – Catorce…, quince… Ricardo le acercó un vaso de
plástico con jugo de uvas interrumpiendo su cuenta – Listo ya son dos horas,
ahora has tu cuenta, ¿si pasaron 15 salmones en dos horas, cuántos pasan en un
día? – amhh muchos, no lo sé depende –¿depende
de qué? –depende si los salmones duermen y depende si todos los peces que conté
realmente eran salmones y depende si la cantidad de corriente sea la misma
durante la temporada. – Muy bien entonces siguiente paso investigar tus demás
incógnitas, mientras tanto ya vámonos ya es hora de comer. Extendió su brazo para ayudarle a
incorporarse y ya de pie le abrazó por la cintura para besarla, tras una
sonrisa franca y alegría en los rostros de ambos mirándose a los ojos ella
comentó – Se me antoja un salmón, me dijiste que comeríamos salmón, tu dijiste.
– Claro que si amor, pero eso no es lo más importante, antes de que lleguemos
quiero que me digas que has aprendido hoy. Le miró y sonrió mientras comenzaban
la caminata de regreso. – Pues aprendí que me canso de estar contando peces –
Noo no de eso, ¿qué aprendiste sobre ti hoy? Venimos desde México hasta la Patagonia
chilena a contar peces, y sigues en tu centro, no has … - Aprendí que me gusta
estar contigo! – Oye no en serio ¿que aprendiste? ¿que pensabas? ¿Qué notaste
sobre ti? – Ahh que me duele la cabeza, ha de ser por el hambre? – Nooo en
serio, ¿en serio no aprendiste algo nuevo? ¿o no me quieres decir? ¿Mhh? – Si si
aprendí algo. Lo miró con una sonrisa en los labios e hizo una pausa, quiso
decirle que aprendió que puede ser paciente con todas las cosas pero necesita
sentirse respaldada por alguien, quiso decirle que es fácil sentirse en calma
mientras domina un sentimiento de amor en su alma. Pero no supo como decirlo,
solo dijo – Aprendí que te amo mucho y que ee me tienes que cuidar. Ricardo no
supo que decir aceptó su sonrisa y cuando intentó decir algo ella le calló con
un beso, la lección que quiso demostrarle es que podían ser como los peces que
nadando contra la corriente podían enfrentar sus situaciones hasta encontrar su
origen y allí hacer un cambio, le quiso enseñar que podía observar su propia
calma para repetirla cuando la ira le hiciera perder el control. – Te amo
mucho. La abrazó por última vez antes de alcanzar el camino donde dejaron el
auto.
Antes de encender el auto sonó el teléfono –Bueno? –Hola Rich,
como estás? –Bien gracias a Dios hermano, ¿tu como estas, que milagro? – Oye bro
necesito que vengas recuerdas el video que guardamos en…- Ahh no manchees…
interrumpió antes de que terminara, se puso nervioso pero trató de terminar la
llamada lo antes posible –Que crees no es mal pex pero ando en Chile, amhhh si
quieres mañana que regrese nos ponemos de acuerdo va? –Ok bro bye me saludas a
tu familia. Entendió el mensaje y se mostró perturbado, Yelary se dio cuenta y
cruzando los brazos lo miró preguntándole –¿Que pasó? –Amhh, nada Edgar un
excompañero de trabajo que trae una bronquilla y quiere que le ayude –¿Y tu por
que? –Pues no sé me tiene confianza, o no tiene con quien ir, yo que sé, ya le
dije que mañana le marco para ver bién que pex. –Ajaa sii, ¿aver por que no me
quieres decir? –Ya te dije no es nada y además ¿que crees? –¿Que? – Que te amo
muchote y que ya tengo un chingo de hambre. Siguieron platicando sobre los
peces, sobre el rio sobre el plán del dia siguiente antes de tomar el avión de
regreso, pero en la mente de Ricardo se movían las horribles imágenes del video
que Edgar le pidiera extraer de una memoria dañada y bajo amenaza de no decir
nada había guardado en el disco duro portátil.
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