Alcánzame desde donde estás con tu pensamiento, llena mi
espíritu de desconcierto y amor profundo, ahuyenta mis pesadillas y muéstrame
un poco del camino a seguir, durante la noche una columna de luz y durante el día
una columna de humo, trae contigo la verdad de la historia, vuelve a arder en
mi corazón de tal manera que la mente trémula quede nula. Llévate de aquí los
temores del mañana, las añoranzas del pasado, haz con tus hijos una
descendencia de Reyes y reina desde la palabra sencilla de un corazón amoroso y
alegre.
Amor de mi vida estás haciendo que las lágrimas dejen de
abundar en un rostro triste para comenzar a abundar en la algarabía de las sonrisas
y cautivando con miradas y caricias tenues. Amor de mi vida tomaste mi corazón
y e regalaste una frescura de adolescente, una sabiduría inconclusa pero consiente
y un ánimo de soltar el miedo para dejarlo por allí botado.
Siempre que entras en mi mente suena un concierto de
proezas, avanzan mis pensamientos a proezas y metas de gran complejidad para lo
poco que puedo ser hacer de momento, más es grande tu insistencia y tu mandato
cada vez más claro a mi razón. Afortunados los que han seguido tus mandatos sin
esperar la gloria, pues su andar es de gracia sencilla.
Huésped de mi casa, extranjero en mi tierra, lejos de alegrar
un poco siquiera la aventura de la vida de quienes por mí siguen en espera,
aferrado a solucionar primero el infortunio de quién de mí nada espera y todo
alegando de encontrar ocupado el tiempo y la importancia. Fugaz se vuelve esta
vida, fugaz se vuelve la existencia, pero el tiempo se extiende hasta donde un
día en mi infancia con amorosos brazos de mí se hicieron un hijo que ávido de
atención se convertía en un fugaz recuerdo.
Comentarios