La danza de la bendición comienza, comienza en un retumbar
con un sonido que parece muy lejano, mis oídos acostumbrados despiertan al resto de mis sentidos, como un
extranjero en la propia tierra se renueva mi capacidad de asombro ahuyentando
de los ojos la familiaridad, trayendo la conciencia física a cada uno de mis
músculos y con las vibraciones del tambor mi cuerpo comienza a seguir desde la
inercia los movimientos predecibles y cadenciosos de la danza, se acelera de
pronto el corazón por la emoción el cambio de ritmo me lleva por un segundo por
encima del suelo, límite de la libertad física, sobre el viento mis pies tocan
en caricias ásperas el suelo. El brillo del sol se queda quieto y sereno
mientras aquí abajo el viento acompaña la danza, suena de nuevo el tambor
tranquilo, apenas marcando al tiempo que la respiración y el corazón recuperan
su ritmo lento.
Mi cuerpo no esta allí solo mi espíritu, sintiendo alegre su
libertad y las bendiciones recibidas, las voces parecen estar dentro de mi
cabeza resonando con libertad percutiendo mis oídos desde dentro, la calma
parece comenzar a instalarse de nuevo, se repliegan en un momento las ansias de
hace unos minutos, la soledad se vuelve un escaso concepto, todo parece estar
unido al mismo sonido ser de la misma sustancia, se crispa de nuevo el cabello
de todo mi cuerpo y el viento danza junto conmigo, gira y se desvanece mi
mente, mira al cielo al infinito desde donde proviene la voz del ángel, la voz
de la mujer que canta a pulmón abierto sabiendo que su aliento se perderá en un
canto amoroso a la tierra, a la humanidad a Dios. Inmutable vuelve su rostro al
cielo una y otra vez como si de esperar una respuesta se tratara y aun sin
recibirla siguiera intentando su feroz oración.
Desvanecido en el estirar del viento queda mi canto, en las
gotas de sudor queda mi danza, ninguna lagrima derramada por los que se fueron,
ningún lento pensamiento, la canción repetitiva hace girar mi corazón de nuevo
al infinito, a la fuente principal del agua viva, la risa del infante queda
gravada en mi mente, el brillo del sol baña mi cuerpo y quema toda sombra
doliente, la vida sonríe gustosa y celebra con una nube gruesa empujada por el
viento para hacer visibles las posibilidades infinitas de Dios.
Cae la media tarde y mi cuerpo sigue en la aventura de
sentirse vivo, las piernas se comienzan a volver pesadas y ahora casi hacen
truenos en la tierra, la tierra se vuelve fresca de pronto el abismo que existía
se vuelve un camino, los dolores en el
pecho se abren en un grito de amor y sueltan gotas de esperanza la esperanza
que nace de soltar el sueño del mundo y buscar un pequeño lugar en los sueños
de Dios.
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